NUESTRA HISTORIA

Con el Concilio Ecuménico Vaticano II, la vida religiosa recibió un nuevo impulso. Promulgando el decreto perfectae caritatis los padres conciliares entendían promover la renovación adaptada de la vida religiosa a través de “un continuo retorno a las fuentes de toda forma de vida cristiana y a la primitiva inspiración de los institutos y al mismo tiempo con la adaptación de los institutos a las cambiantes condiciones de los tiempos” (PC 2). Sin embargo, tal renovación, que debía realizarse “bajo la inspiración del Espíritu Santo y la guía de la Iglesia” (PC 2) no siempre dio los frutos esperados.